domingo, 20 de abril de 2014

Regresar a escribir.




Un día escribí que ‘’escribir no es más que un ejercicio de desnudez’’, y a mí me encantaba estar desnuda, sentarme sin miramientos y teclear palabras, disparar caracteres a velocidad de AK-47, y darle a ‘’postear’’ sin contemplaciones.

Pero un día, de tanto escribir, perdí el don, el talento. Me oxidé,  me volví perezosa, regresé a mi pasado inconstante de ‘’no terminar las cosas nunca’’, de dejarlo todo a medio camino. Como el rompecabezas que jamás terminé, las lecciones de cuatro que abandoné. Como mi vida. Un día decidí no vivirla y dejarla ahí, en stand by, junto a la escritura.

También por esa época dejé de leer y comencé a beber más que nunca. Requería menos neuronas y esfuerzo, y producía ‘’más o menos’’ la ‘’misma’’ sensación.
¡Qué estúpida fui!

Volví a leer. Dejé la bebida. Y heme aquí, papel y lápiz delante, computadora dispuesta, y nada. Horas mirando el mundo enorme y limitante de una hoja en blanco. Física y digitalmente abrumadora. Sin ideas. Sin palabras. Sin historias.
A mi escribir me daba vida. Me daba aire. Me compraba paz. Y justo ahora necesito eso, y nada sale. Y se me desaceleran los latidos, y la piel se me pone fría. Y me falta oxígeno. Me faltan letras.


Pero nada, que esta batalla se pelea caracter por caracter. Y ya una vez que se rompe el blanco impoluto de la página, solo queda seguir escribiendo, a ver si un día, de tanto hacerlo… algo me sale bien.

sábado, 19 de abril de 2014

Nocaut Técnico

(primer cuento con mi nombre, en una fiesta de gente mal portada que tiene una hermandad. Los HermanosChang)

Rebeca nunca pensó que de su boca pudiese salir una retahíla de barbaridades tan coherentes y punzo penetrantes. Como si fuese poseída en un instante por un demonio con una versión educada del síndrome de Tourette. Mientras tanto, Santiago quedaba en el sitio, desarmado por los coñazos verbales de su hasta ahora abnegada —y sobretodo paciente— novia. Y apenas iban por la tercera planta.

El resto del trayecto en el elevador prosiguió con la incomodidad de un viaje compartido por dos desconocidos, buscando un punto muerto en ese minúsculo espacio para esperar la apertura de puertas y salir huyendo de esa caja metálica  convertida en cuadrilátero de boxeo.

Dieciocho pisos eran más que tres rounds, definitivamente.

Vivían juntos desde hace dos años en un apartamento diseñado para cuatro personas, pero donde cabían dos a duras penas. A Santiago le bastó experimentar la vista desde la terraza para enamorarse del piso. Rebeca accedió, a pesar de la pequeña claustrofobia que sufrió en el ascensor, a pesar del desconcierto que le producía vivir separada de la tierra por dieciocho plantas de concreto y madera.

Rebeca se concentra en las lucecitas que señalan el recorrido del elevador, como lo hace cada vez que aborda el metro, siguiendo las paradas, mirándolas fijamente, con la esperanza de hacerlas aparecer y desaparecer más rápido, invocando alguna anomalía temporal que la ayude a llegar a su destino sin el sufrimiento de la espera.

La luz que anuncia el quinto piso la saca del trance, pero no pierde la compostura, sigue inmóvil, no quiere premiar a Santiago con el roce, no quiere dar pie a los abrazos de oso que él usa como arma secreta para zanjar cualquier malentendido. Se ha derretido mil noches entre esos brazos pero el cabrón merecía cada palabra que ella disparó a quemarropa apenas abordaron el ascensor.

Ascensor convertido en un ring de boxeo en el cual ella lo golpeaba con la fuerza de los insultos tantas veces reprimidos. Lo empujaba contra las cuerdas. Cabrón, mediocre, pendejo, pocohombre, pipichiquito. Inútil, gilipollas…

Rebeca se había transformado en un brawler –ese luchador popular en la lucha libre especialmente sañudo, que no da tregua jamás-  Pusilánime fue la que le dejó desconcertada, está convencida de nunca haber usado ese adjetivo en voz alta, sabía qué significaba, lo había leído hasta el cansancio, ¿pero usarlo? Jamás. Lo más curioso era haberlo escogido en medio de una furia ciega para expresar su frustración hacia él. Pusilánime. Sonaba a insulto de telenovela. Pero pensándolo bien daba justo en el clavo, porque era por la falta de cojones de Santiago que habían llegado a este punto de quiebre. A este conteo de protección. A este round decisivo.

Dos años de hacerse la víctima, el incomprendido, de que su arte era muy complejo para el proletariado —le encantaba esa palabra—, de esconder sus continuos reveses tras la máscara de algún editor que no entendía sus guiones, o sus dibujos.  Dos años en que, poco a poco, ella se fue dando cuenta de que precisamente odiaba las mismas cosas por las que una vez amó a este fracasado artista de cómics.

Una amiga en común, obsesionada con llenar sus carencias emocionales a través de otros, se encargó de que la pareja se conociera en una fiesta. Le había vendido a ambos una idea tan suculenta —por su perfección— que al momento de las presentaciones ya Rebeca y Santiago se deseaban a medio camino.  Los unía la espontaneidad resignada de los soñadores. También hicieron planes, planes de comerse al mundo. Planes de hacer la cosas bien, y juntos, de no ser una estadística más,  de convertirse en la historia que usen sus amistades para curarse en salud de los peligros del amor.

A Santiago le estaba costando horrores mantenerse de pie después de la abrupta explosión de su novia —todavía creía que a pesar de todo lo dicho iba a poder seguir llamándola así—. Seguían atrapados en esa caja maldita que se toma prácticamente horas para llegar hasta la casa.

Se la había encontrado de frente en el elevador al llegar a planta baja, él que bajaba para encontrarse con ella, ella que volvía a casa evidentemente ofuscada por su tardanza. Nomás salir de ese sarcófago tendrían que hablar, nunca había visto a Rebeca así, hiriente, enfurecida, pero resuelta y lapidariamente coherente.

Nunca habría esperado oírla decir pusilánime con tanta pasión, y mucho menos hacia a él. Pero desde la planta numero diez está plenamente consciente de que tiene la culpa de todo.

Por primera vez en su vida adulta se siente como un niñito regañado por la maestra. Santiago sabía que llegar tarde al compromiso de hoy le traería graves problemas, pero jamás vaticinó semejante verborrea vuelta coñamentazón.

Al principio a ella le parecía romántico que su novio no fuese esclavo del yugo de un reloj,  ahora con un hogar compartido la cosa perdía magia, para convertirse en fuente más de miserias. Santiago examinaba su comportamiento de los últimos minutos, preparándose para el último round, ese que decide quién de los dos termina tendido en la lona.

Suena la campana del elevador, anunciando —por fin— la llegada triunfal a su destino.

Rebeca lanza un suspiro y lo mira con asco y desdén. No hizo falta mediar otra palabra. Santiago ha perdido la pelea de un nocaut técnico.

lunes, 23 de julio de 2012

Amores pa' toa' la vida.



Si tuviera que elegir una religión sería EL AMOR. Amar, tiene que ser un acto de fe. Una locura que no existe para ser vista, sino para ser sentida. Una locura en la que hay que creer ciegamente. Y como religión, tendría una sola doctrina, la de amar con todo lo que se tiene/se es, con el cuerpo, la mente, el corazón. Con los cinco sentidos, y hasta con la intuición. Habría un solo mandamiento, enamorarse perdidamente de cualquiera. Del que sea. Pero que mientras el amor dure, sea intenso, nada de mediocridades.

Creo, firmemente, en que se puede amar a varias personas a la vez. En que el amor no tiene cabida para la mezquindad. Creo, en que si hoy estoy con alguien, pero a los 3 segundos me detengo a mirar un tipo guapo por la calle, no merezco ser juzgada. Tal vez lo que tengo es demasiado amor para dar, y muy poquita gente a la cual ofrecérselo. 

Pareciera que hemos pasado la eternidad discutiendo la existencia de las medias naranjas/almas gemelas, descuidando que somos 6 billones de seres humanos, y que si bien existe ''una cerradura para cada llave'', hay llaves universales que encajan en muchas cerraduras. Como los controles remotos genéricos, que funcionan en varias marcas de televisores.

Me gusta creer que yo soy una llave de esas. Una pieza que puede funcionar en varios rompecabezas. Que tendré la posibilidad de amar a mucha gente, en tan poco y tan corto tiempo. En que durante mi existencia en este viaje que llamamos vida, podré compartir mi amor con todo aquél que desee incorporar en mi vida. 

Y sí, es cierto, llegará el momento en el cual deba ''sentar cabeza'', dejar el zapping afectivo, conservar a una sola persona y quererla ''hasta que la muerte nos separe'', o hasta que ''el felices para siempre'' haga de las suyas.

Pero mientras tanto, y gracias a Naky; trabajaré en algo que ella llama ''Amores para la Próxima Vida'', versionándolo un poco a mis amores para esta y otras vidas. Para reseñar aquellas historias de amor/desamor/capricho que han marcado a esta escritora. Será una bitácora de cariño, digna de releerse y desenterrarse cada cierto tiempo. Cuyos protagonistas serán todos aquellos conocidos y anónimos con los que deseo -así sea por ínfimas de segundo- conjugar el verbo amar.

Anímense, y piensen en todas aquellas oportunidades que han dejado pasar. Amen. Amen hasta que no les quede tiempo pa' ninguna otra cosa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Una identidad para Beatriz


Beatriz María, así dice mi cédula de identidad, y mi partida de nacimiento. Así fui inscrita en ese cuadernito de jefatura civil en el que todos somos etiquetados como si fuésemos mermeladas en anaquel de supermercado. 

Beatriz, 7 letras que me nombran, Beatriz como mi madre, como mis 3 tías, como mi prima-hermana, como mi hermana mayor. Beatriz, como la del Dante, como la reina de Holanda. En el colegio, en clases de inglés era simplemente: Beatrice, como la hija regordeta de Sarah Ferguson-Duquesa de York-.

Entre tantas Beatrices, hubo que buscarse un apodo. ''Bea'' ya estaba ocupado por alguna de las mayores, y mi hermana, decidió en medio de balbuceo infantil que sería ''Batita''. Muchas historias detrás de ese sobrenombre, que me ha acompañado todos los días desde que tengo memoria.

Amigos, conocidos, panas, profesores, familiares han hecho del ''Batita'' el nombre con el que volteo. Con el que me graban en sus celulares, con el que me saludan por la calle. El Beatriz ha quedado reservado a pocas personas y a escasos momentos. Los regaños y reclamos se le hacen siempre a Beatriz. Las propuestas, invitaciones, confesiones siempre a Batita. Y el Bea, el Bea es ese nombre con el cuál solo algunos me llaman. Decir Beatriz, es -casi siempre- un detonante de conflicto y show. Decir Batita es llamar al alma de la fiesta, a la amiga siempre dispuesta a inventarse un plan, es decirle a la activista política que hay en mí que la necesitan en algún lugar para que discuta y salve la situación.

Batita tiene una cantidad insólita de derivados, como Bati, Batibati, Beta, Bat, Bats, Batichica. 

Tan variados como las actitudes que cada una de ellas emana, la @Batita_Gonzalez no es más que una Carrie Bradshaw en ciernes, que dispara tweets liberales,libertinos, filosóficos,mal intensos a dosporuno. Es tan solo una de las tantas que soy, La Batita 2.0 que bloggea, escribe, tuitea, es como la manzana del laberinto de Adán, mitadmentira-mitadverdad. Es el álter ego en el que la inseguridad se refugia. En el que los porqués se resuelven. En el que el atractivo y la confianza hacen acto de presencia. Batita tiene cervezas, rones, vaqueritos rojos y vestiditos cortos de vida alegre. Es autosuficiente, y se viste con una actitud de ''qué más da''. Se subraya los ojos con negro, y se resalta la boca de carmín. Conflictiva, miesteriosa, retadora. Batita tiene tinte de femme fatale de cine francés de la década del cincuenta. Batita no es del todo Beatriz.

Bea, es la titular de la vida 1.0, mucho menos divertida que ese circo virtual que se monta la Batita. Beatriz tiene deudas, responsabilidades, compromisos. Obligaciones, cuentas por pagar, to do lists por consumir. Sueños, temores, éxitos, fracasos, ídolos rotos, un corazón remendado y un miedo total y absoluto a la soledad. Beatriz tiene lentes de pasta, ojeras y un par de kilos demás. Una cantidad de libros en la mesa de noche, una serie de pensamientos de izquierda atrapados en el medio de sus dos cejas. Humanitaria, solidaria, con ganas de encajar en algún sitio. Busca la horma de su zapato, y la fórmula de la vida eterna. Bea, tampoco es Beatriz.

Beatriz aún está definiéndose, no quiere ser ni Bea, ni @Batita_Gonzalez 24/7. No quiere los temores de la primera, ni el estilo de vida de socialité de la segunda, porque tanto miedo deprime, y tanta fiesta agota. Porque no hay mal que dure cien años, ni fiesta que no se acabe. No quiere vivir en la sala de espera donde Bea busca entre páginas amarillentas de revistas viejas como ser ''La Chica Diez''. Pero no quiere desgastarse la cara de tanto maquillaje y flash, de tantas burbujas rodando por la garganta, ni tanto baile acumulándose en las piernas. No quiere depender de la 2.0 ni de bloggear para hacer catarsis. Quiere seguir escribiendo, en otro formato, sin seudónimo. Quiere que ese otro que lee, no se invente historias, que los alter egos están diseñados para entretener, nada más.

En resumen, Beatriz quiere ser un poco como Bea, a ratos como Batita, y finalmente quiere vivir, y que ya no le quede tiempo pa' otra cosa.

jueves, 3 de mayo de 2012

Ccs, 212 ciudad de ¿despedidas?



Caracas, una ciudad de despedidas.

Como ustedes saben yo no me edito nunca, pero tampoco soy una ''hater'' de oficio. Así que voy a dar mi visión del  documental, después de haberlo visto 3 veces.

No voy a criticar la producción ni mucho menos, creo, que de audiovisuales sé lo que sé de física cuántica, así que me ahorraré esos tecnicismos. Solo comentaré que el soundtrack me gustó y ciertos planos como las tomas del Ávila y de la ciudad.

El tema con el documental es que no llega. Que el mensaje se pierde. Que no me siento identificada.Que los testimonios de los chicos son plásticos, carentes de motivo/emotividad. Que las razones son tan erróneas. Que no me conecto con ninguno. Que siento que ellos viven una realidad disociada a la mía. Que ninguno trabaja/estudia, patea las calles, se involucra con el entorno. Que pierdo la fé en mi ''generación''. Que cuando cerré la ventanita del navegador solo podía decir ''coño, ojalá estos panas se vayan''.

Que hay gente que se va y tiene la vida resuelta, que tiene pasaporte europeo o visa gringa, pero hay otros que pasan roncha seria para salir de aquí. Y ellos no han sido incluidos. Que estamos los otros, en los que me cuento, que tenemos el corazón dividido entre dar la pelea aquí, o irnos pal carajo pero que no tenemos como, porque ''¿con qué rabo se sienta la cucaracha?''. Que de una u otra forma sentimos que ni siquiera posaron su mirada fuera del ghetto en el que cada uno vive, porque sí, vivimos en ghettos, el del Oeste, el del Este, el del Sur el del Norte. Ghettos que han sido sitiados por nuestros temores, por el hampa y la comodidad de no salir de ''mi zona de confort''.

Que sí, en Caracas -la quinta ciudad más peligrosa del mundo- roban, matan, violan, secuestran, pero no todo es sangre y miseria. Que hay esperanza y gente con ganas de echar pa' lante. Que es verdad, todos tenemos un cuento de alguien a quién ''le tiraron un quieto'', y al que ''ruletearon por horas pa' cobrar un rescate''. Tenemos colas, tráfico, bulla, colapso en el Metro. Pero los testimonios de los protagonistas de Caracas, Ciudad de Despedidas son las anécdotas de un grupo de panitas que -mandibuleo alante- nos narran sus planes cuando crucen esta frontera llamada Venezuela.

Lo he dicho antes, Caracas es bonita y conflictiva, como una mujer que ha querido mucho y la han querido mal. Y no tengo rollos con que decidan irse, siempre y cuando se vayan por las razones correctas, sin ''peros, oseas, ni pues'' que valgan.

Porque el tema del documental es increíble,pero fue muy mal llevado. Porque es doloroso ser parte de esos países que paren emigrantes, que es triste tener amigos por Skype, FB, Twitter. Que las Navidades sin tener a nuestra familia completa, y que conformarnos con la pseudo cotidianidad que la globalización nos da, es peor que vivir en medio de esta ciudad.

Porque no responde a mis preguntas básicas, cómo irse, a dónde, con quién, que pasa con el que se queda, con el que se va, con el que tiene que hacer cola para Cadivi, con el que cuenta los husos horarios para poder tener contacto con ese que está lejos...

Y yo, yo no me iría, porque -en palabras de Fito- cuando vos elegís la razón, yo prefiero siempre un poco de caos.

p.d: Lean ''Introducción al Símbolo de la Fe'' de Reinaldo Arenas, y sientan como yo, que sigo buscando  PATRIA

miércoles, 18 de abril de 2012

Epístola de amor en tiempos atípicos.

Y este año, volví a mandar mi carta al concurso Montblanc, a diferencia del año pasado esta carta quedó detrás de la ambulancia, pero yo soy muy mala perdedora y además quería actualizar el blog y decidí compartirla aquí. Lean, comenten, disfruten, compartan, amen, y escriban cartas de amor. En serio.


Querido Alguien:

Tal vez no te esperes esta carta, pero es que me he puesto a pensar... y ¿si es verdad que el mundo se acaba en el 2012?, ¿si estamos aquí solo de paso, por qué no decirte lo que siento?

 Voy a darte esta carta, que es de amor, que está llena de sentimientos y promesas por cumplir. Una carta que más que todo tiene esperanza, una esperanza que me anima a confesarte lo que siento por ti, sin pudores ni remilgos de recién conocidos. 

Una carta que no espera respuesta, porque creo firmemente que es mejor dar, que recibir, porque yo solo se querer ''dando'', y hoy, voy a darte mi amor en 4500 caracteres.

Quiero comenzar diciéndote que me gusta como eres.

Corrijo, me gusta quién eres, y como soy cuando estoy contigo. Porque me siento cómoda en mi propia piel y no tengo porque andar fingiendo ser otra.

Me gustas, porque tienes la mezcla perfecta entre ternura y sensualidad, entre inteligencia, sentido común y practicidad.

Me gustas, porque haces las cosas fáciles, porque contigo todo es llevadero.

Me gusta tu pelo, tu barba, y el tono de voz ronco y calmado que te caracteriza.

Tus manos, las cosas que escribes, tus proyectos y tu forma de vestir. Me gusta como miras a la gente y como tratas a aquellos que te están prestando algún servicio.

Me gusta porque eres tan amable con todos, porque dedicas sonrisas de buenos días, sin distinción.

Me gustas, porque has sido el único en preguntarme en que pienso cuando me levanto, y en donde he estado metida todo este tiempo. Me gustas, porque tus piropos son ingeniosos, y porque cuando te ríes haces un sonido único, cómico, que me hace sentir en casa.

Quiero decirte que me intimidas, y que enervas en mi esa cualidad o defecto que es mi verborrea, que cuando te veo no controlo mis impulsos y mi mente comienza a traicionarme, haciendo que mi coeficiente intelectual disminuya un punto al ritmo de los latidos acelerados de mi corazón.

Me gustas, porque tienes la capacidad de volver posible cualquier idea. Porque tu ipod es una locura, porque tú casa es casi un hogar. 

Porque tienes ganas, empuje y empeño

Porque crees –como yo- que solo faltan dos para salvar el mundo.

Me gusta imaginar que estamos destinados a estar juntos. Que podemos ser y estar, y dejarnos llevar. Que habrá un lado mío en tu cama, en tu casa, en tu vida, que podré dejarte besos dibujados en el espejo del baño, que te acostumbrarás a mis manías y yo a tus malos hábitos alimenticios.

Me gusta pensar que discutiremos por tonterías, porque tú dejas siempre arriba la tapa del inodoro, y yo uso tu espuma de afeitar para rasurarme las piernas.

Me gustas porque contigo puedo ser bilingüe 24/7 sin sentirme mal, ni transculturizada. Sin tener que disculparme por decir malas palabras en catalán o lanzar improperios en inglés.

Me gustas tú, y tu amor por el cine, y la manera que tienes de dejarme en suspenso cuando me narras algo estilo película. Me gusta que me recomiendes música, libros, autores. Me gusta que tengas tanta experiencia, pero que aún así sepas como improvisar, me gusta que no das nada por sentado, ni siquiera la tranquilidad.

Me gusta sorprenderte con poesía, y que no sepas que eres el destinatario de lo que escribo. Me gusta saber que te haces el duro, pero que a veces escribes en tus tweets o correos algunas de mis frases disfrazadas.

Me gusta saber que estás allí, aunque no estemos juntos.

Quiero que sepas, que me gusta gustarte, tal vez no de la manera en la que yo espero, pero es esperanzador saber que al menos algo de mí, te atrae, aunque todavía no te traiga de cabeza.

Me gusta saber que puedo ser yo, contigo y sin ti, que no quieres una mujer-accesorio, sino alguien para compartir este largometraje que llamamos vida. Este mural que se pinta con sonrisas y buenos recuerdos, esta canción que me hace bailar al son que toques.


Esta carta, habla del amor en general y de ti en particular, es tuya porque va dirigida a ti, pero es tan mía que no puedo desdibujarme de ella, porque al leerla me escucho, porque al escribirla te siento. Porque fueron mis manos temblorosas las que se animaron a confesar esto que siento entre el pecho, el pulmón izquierdo y los paréntesis que hacen mis piernas, esperando que vengas a buscar aquí el amor-el deseo- y lo que no se te ha perdido.


miércoles, 11 de abril de 2012

Prohibido Olvidar, que siempre HAY UN CAMINO

No sé cuántos libros he leído sobre los Sucesos de Abril, ''Las Balas de Abril'', ''Yo lo Vi Llorar''; cuántos documentales sobre la fecha he visto, ni cuántos programas de televisión y conferencias a lo largo de estos diez años he observado. El tema es que aún hoy, nada, absolutamente nada de lo que pasó ese día se me olvida.

19 muertos, no sé cuántos heridos, más de 500mil personas marchando por las calles de Caracas, una huelga general, el despido de 20mil trabajadores de la estatal petrolera, una cantidad de francotiradores apostados en los edificios más emblemáticos y cercanos al Palacio de Gobierno. Una marcha que fue masacrada por pistoleros civiles, emboscada por cuerpos de seguridad del Estado mientras el presidente de la República, Hugo Chávez hablaba en cadena nacional de radio y televisión. 

El silencio, el horror, el espanto... las balas cayendo como flechas sobre los disidentes. Las televisoras nacionales dividiendo la pantalla para poder proyectar la masacre, mientras seguían cumpliendo -parcialmente- con la transmisión de la perorata del presidente.

Recuerdo, que ese día el nivel de indignación de la gente era palpable en el ambiente, una indignación que se mezclaba con canciones de protesta que de una u otra forma buscaban contagiarnos de esperanza, se creía que con una marcha numerosa, con un caudal de gente dispuesta pacíficamente a reclamar sus derechos, y con la presión de la huelga general, se conseguiría así ponerle fin a tanta miseria, al atropello constante del régimen, al miedo, a la imposición a dedo de funcionarios, a los antivalores, a la corrupción.

La multitud, comenzó a congregarse a eso de las 9 de la mañana en la sede de la petrolera PDVSA, y en las caras y los gritos de la gente se sentía un espíritu renovador, de cambio y libertad, y como suele suceder, la gente, cuando se vuelve masa se crece. No sé muy bien a que hora, al compás de la consigna ''Pa' Miraflores'', la marcha comenzó a moverse, empezó el largo camino de la autopista hacia el centro de la ciudad. Algarabía, bullicio, optimismo.La gente caminaba sin pensar, si quiera, lo que se venía.

Disparos, gritos, pánico. Desinformación. Un presidente al que se le ''había solicitado la renuncia'', la cual ''aceptó''. Un ¿vacío de poder?, un ¿complot?, ¿un golpe de estado?, ¿un contragolpe?. Aún hoy no está claro que sucedió durante el 11,12 y 13 de abril del 2002, tan solo sé que 19 muertes siguen impunes, que la Comisión de la Verdad instalada para investigar los hechos fue un fiasco, que las interpelaciones de la Asamblea Nacional no fueron más que una burla, y que hoy, 10 años después, las protestas y la violación a todos los derechos consagrados en la Constitución, los ideales que movilizaron a los venezolanos ese día, siguen intactos.

Solo sé, que no hay ciclo que no termine, ni fecha que no se cumpla, y que un buen 7 de octubre del 2012, al grito de ''Prohibido Olvidar'' le diremos adiós a las cadenas, a los vejámenes, a la miseria. Le contestaremos a las balas con votos, le responderemos al odio con tolerancia, porque pase lo que pase, ''HAY UN CAMINO''.